agosto 01, 2009

Extinciones humanas


¿Qué mirada de desconcierto habrá puesto el hombre de Neandertal cuando por primera vez vio al hombre de Cro-magnon (antecesor directo de nosotros), una especie diferente a él?
¿Y luego qué habrá sentido, cómo se habrán conmocionado esas enormes fosas nasales, al oler a todos los suyos extinguirse, avasallados por quién poseía una forma más sofisticada de pensamiento y una tecnología superior, hace más 30 mil años atrás?

Tecnología y extinción.

No podría sorprendernos ahora una especie diferente a la nuestra. ¿O sí? Aquí en la Tierra, al menos, parecemos los amos y expeditos para transformarlo todo y destruirlo como nos plazca. No nos vamos a levantar mañana con la angustia de enfrentarnos a un similar. Nuestros iguales son suficiente enemigo, y a eso parecemos estar persistentemente abocados.

Camino por una avenida de la ciudad de Córdoba, antes de que la lluvia desatada lo inunde todo. Y me encuentro con este señor que está montado sobre un aparato extraño, algo que no se ve con facilidad todos los días. Es una suerte de bicicleta partida por la mitad. La llanta da vueltas pero el hombre no avanza. Sale chispas, como si algo estuviera fallando en la máquina, y él sólo le soba con un cuchillo por la parte superior, como diciendo "mira, que si no avanzas te voy a dar con esto".

Me detengo.

-Le voy a tomar una fotografía...-, le digo mientras busco en mi maleta mi propia herramienta para conseguirlo.
-Sí, sí-, acepta él sin dejar de trabajar. Cuando ya he tomado algunas vistas, me señala que ahora me baje de la banqueta y lo haga desde esa nueva posición. Doy un salto.

Semanas antes había buscado a este personaje para un reportaje sobre oficios en extinción. En la ciudad de Tehuacán encontré a Jaime Hernandez, que cumple con el trabajo de afilar cuchillos y tijeras, pero desde su taller donde además elabora piezas para mecánica y tornería, algo diferente del hombre que, antaño, iba empujando la rueda haciendo sonar un silbato.

-Por cierto, ¿tiene el silbato?

Busca en el bolsillo de su camisa y extrae un aparato de plástico que tiene unos siete agujeros que van a dar a pequeños tubos de distintos tamaños, uno más grande que el siguiente.

-Sabe, lo estaba buscando hace unas semanas. Ya no hay muchos afiladores como usted, ¿verdad?
-¿Cómo no? Aquí estoy yo...
-Sí, aquí está usted, pero ya no se los ve por las calles. Es muy raro...
-No. Sí hay...

Y sí, tiene razón: los hay. Ahí está él.




1 comentario:

Yey dijo...

MI QUERIDO FREDY ES UN GUSTAZO LEERTE!!! TODO MUY BONITO COMO SIEMPRE!!!

AHORA ESTAS LEJOS DE MI!!! AUSENTE!!! COMO ANDAS DE EDITOR NO 'PELAS' A ESTA HUMILDE EMPLEADA JAJAJA
UN BESOP