marzo 16, 2010

Detrás de la puerta

De pronto una célula se rebeló

Detrás de la puerta de madera no se oye nada. No hay respuesta. Los golpes se han perdido en el aparente vacío que lo come todo. Rosa María no está en casa, es la primera deducción lógica. Ella llega. Lleva de la mano a una niña de siete años. Es su sobrina. A las dos les da el sol en todo el rostro y no deja surcos para las sombras. Es tan fuerte su luz. Rosa María luego empieza a hablar, contar su historia, y todo tiene un sentido: su ausencia, la niña a la mano y el esplendor solar: quien, como ella, ha superado la enfermedad que carcome el cuerpo, valora la vida de una forma especial. Si uno la visita, es más probable no encontrarla encerrada en el hogar. Vive con plenitud. Trae a su sobrina de la escuela. Se baña con agua temprano. Sale a la calle para bañarse con el aire y las personas. La vida.

"Tengo 52 años. Hace 17 me detectaron cáncer. Yo nunca me había hecho el papanicolau. Al tener relaciones con mi esposo empecé a tener síntomas de sangrado y me espanté. Fuimos a ver al doctor y él dijo que estaba mal. Cáncer de matriz. Gracias a Dios salí adelante. Me mandaron a Xalapa a hacerme radiaciones, estuve allá seis semanas".

Luego de ese tiempo regresó a casa para navidad. Tenía temperatura alta. No vio por la ventana del autobús que la trajo de vuelta más que el reflejo de su rostro desencajado. Sus hijos la recibieron atentos, le dijeron que podrían hacer algo especial. "No tengo ganas de hacer nada", les había respondido. Pero a Rosa María la visitaron más familiares. Entonces no pudo negarse a reunirse con todos ellos. Esa noche buena de diciembre se sintió mejor. "La familia te hace salir adelante. He conocido casos en los que la familia no apoya y la persona se va, fallece. Si, por ejemplo, el cáncer fue de mama, y le quitaron un seno, el marido ya no quiere estar con ella. La deja. Muchas murieron por falta de apoyo", dice ella que también recuerda lo que ocurrió con su pareja al enterarse del tumor que tenía ella dentro. Mientras el doctor daba el diagnostico con palabras comprensivas, edulcorando la tragedia, ella pensaba en su esposo, que, a su costado, y en silencio, escuchaba al especialista. A ella le entró miedo. ¿Me abandonará?, pensó.

Apenas dejaron el consultorio, dieron unos pasos cortos, él la miró y le dijo, quizás intuyendo su temor: "No va a pasar nada de eso. Porque lo que yo quiero es que tú estés bien. Lo demás no importa".

A Rosa María la suelen visitar personas que sufren la enfermedad. "Uno no sabe, como dice el dicho, el fondo de la olla, nomás la cuchara. Hay que ver los sentimientos hasta dónde están", reflexiona para referirse a algo que aprendió: cree casi firmemente que el cáncer está relacionado con los rencores y miedos que guarda el corazón. Con los odios negruzcos que pueblan el alma de resentimientos. Lo leyó en el libro Tú puedes sanar tu vida de Louise L. Hay. "Te pones a analizar tu vida y te das cuenta que a lo mejor es cierto", piensa ella, que ha aplicado esa lección. Cree también que no tiene que preocuparse por el mañana: "Vivo el hoy. Antes yo era de las que se angustiaba si al día siguiente no tengo qué comer, ahora no. Ya mañana Dios sabrá. Dios proveerá", proclama mientras la niña, su sobrina, hace bulla imaginando algún juego. Los chillidos infantiles hacen que su voz se confunda. Rosa María la regaña un poco y le dice que no grite. Pero la niña está muy concentrada en la fantasía lúdica y no hace caso. Rosa María llama a la madre de la niña, su hermana. La casa no estaba sola. Había alguien que desciende lentamente las escaleras, deteniéndose en el rellano, como pensando en la posibilidad del próximo paso. Se le ve profundamente triste. Con un abatimiento que desborda la piel y un laxitud que adormece los sentidos. Rosa María cuenta que su hermana tiene cáncer y está dando la lucha actualmente.

A Rosa María ya no le gusta el brócoli. "Al inicio de la enfermedad me recomendaron que lo consumiera bastante. Ahora no lo paso. Los mismos medicamentos hacen que dejes de comer varias cosas", apunta. Lo mismo sucede con el agua de jamaica. Su color rojo le recuerda algún medicamento de la quimioterapia. Le da asco.

Estuvo ocho años en tratamiento. Desde que detectaron el tumor como un jitomate rojo grande y abierto hasta que las células cancerígenas fueron siendo eliminadas. ¿Por qué le dio a ella la enfermedad? Por descuido, quizás, por no realizar revisiones de salud antes; porque en la familia murieron dos tías de cáncer, tal vez; por la alimentación occidental inadecuada, quién sabe. "No, eso no, mi mamá siempre fue la que nos dio verduras y todo eso que es sano". El mal no tiene un origen comprobado. Le puede dar a cualquiera. Rosa María vio en Xalapa, cuando recibía el tratamiento de radicación, a niños de un año, dos años que estaban allí por lo mismo. Algunos tenían el tumor en sus diminutas cabezas. "Se sufre mucho. Al sentir todo lo que uno puede percibir en el ambiente que genera esta enfermedad. Es realmente deprimente. Pero es necesario no dejarse vencer. Si uno se siente solo, hay que buscar personas. Tantas cosas que uno puede hacer, dibujar, pintar, todo eso ayuda. Y lo más importante es tener fe", afirma Rosa María, que le infunde esa fortaleza a su hermana. La niña juega con la pierna de la madre, mientras ella le acomoda el cabello lacio. Dice que es el 'motorcito' que la está impulsando a seguir.

4 comentarios:

DCody región4 dijo...

El cáncer es horrible, tanto para la persona que lo padece como para los familiares. Desafortunadamente alguien muy cercano a mi lo tiene y las secuelas físicas y emocionales son severas. Transtornos en el apetito, el humor... en fin. Es una experiencia dura pero se puede salir adelante. Me gustó mucho lo que escribiste al respecto.
saludos!!

Fernando dijo...

También conozco a gente que ha pasado o pasa por esto. Como dices tú es muy muy duro, pero se puede salir adelante. Estoy casi convencido de que es fundamental el apoyo de la familia, que la persona tenga ánimo, fe, fe en ALGO... En fin... Saludos, gracias por tu comentario.

IRISH GiRl dijo...

FE en algo... Coincido! Eso es lo que culquiera necesita, tanto para lograr objetivos como para salir adelante de un mal momento o de una enfermedad como el cáncer. Nada es imposible y menos si se tiene Fe...

Fernando dijo...

Y lo mejor, Karla, es que es científicamente verdadero...