abril 29, 2009

México: el país enmascarado y el virus




Nunca entendí por qué le gustan las luchas y los enmascarados que hay en ellas a los mexicanos. Nunca lo entendí. No lo entiendo. Hoy yo también soy un enmascarado en el país del tequila y los mariachis. ¿La lucha?: la pelea, la resistencia es contra un nuevo virus que ya ha cobrado la vida de 159 personas, ha infectado a más de mil y tiene en alerta a todo el país. Las pequeñas máscaras azules y blancas, cubrebocas, tapabocas, son el producto de primera necesidad. Si no tienes el miedo o la previsión de ponerte uno, te obligan. Y alguien pregunta: ¿es porque el virus se encuentra en el oxigeno que respiramos? No, responde un especialista, es por protegernos de la proximidad con una persona que estando infectada, al hablarnos cerca, así como son de cariñosos los latinos, podría contagiarnos.

La publicidad ya está en televisión, medida del gobierno mexicano. Y cuando llega a la tele, más efectivo que los periódicos, la gente no puede ignorarlo: "No darse las manos". "No darse besos". ¡Prohibido! El saludo es un gesto lejano, como una reverencia oriental. La gente tiene miedo. Y si no lo dicen, no lo demuestran del todo, algo de hipocresía cortés, lo piensan: "no me vayas a contagiar, aléjate".

Si es que alguien estornuda es foco de bromas. Lo quieren aislar. Lo miran feo. En el trabajo te quieren mandar a tu casa. A esconderte, no me vayas a enfermar a todo el personal. Conozco a gente que por su gripe se han ido al hogar con la siguiente consigna: "no regreses hasta que te recuperes".

No es para menos. Sí, claro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elevado el nivel de alarma a grado 5. ¿Qué significa esto?: que existe el riesgo inminente de una pandemia por la propagación del virus H1N1.

México es el origen del virus, así parece indicarlo todo. Más preciso: Veracruz es el origen del virus. Según información publicada en distinto medios, la comunidad La Gloria, en el municipio de Perote, del estado veracruzano, presentó desde diciembre pasado hasta marzo de este año 500 personas con enfermedades respiratorias. Cerca a esta comunidad opera la empresa porcícola más importante del país, Carroll. Aunque según representantes de ella, ninguno de sus cerditos y trabajadores se encuentra infectados de nada.

Un niño de La Gloria, Edgar Hernandez, fue el primer caso de influenza porcina; pero él se encuentra recuperado. El gobernador del estado de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, ha salido a los medios a decir que éstas son patrañas, que, según él, el virus proviene de Asia. No sólo eso: Herrera, adelantándose a los organismos internacionales que investigan el origen del mal que atemoriza al mundo entero, da mayores detalles: "(El virus) se ubica en Asia, en China; de ahí llegó, por pasajeros a Norteamérica y seguramente al Distrito Federal y el estado de México".

¡Ajá!, que alguien les avise a los chicos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que, según información de la BBC, ha enviado a un equipo de científicos a investigar si todo pudo originarse en esta granja de cerdos en México. Ah, qué pena, harán su viaje en vano por no hacerle caso a Herrera Beltrán que hasta ya descubrió el recorrido completito, itinerario y paradas del H1N1.

¡Cochina gripe!, dice en el messenger una de mis amigas. ¿Qué culpa tienen los cerdos? He imaginado, como periodista llegar hasta un cerdo con gripe. ¡Oink, achú! Oiga, usted, señor puerco, ¿qué le parece ser el origen de la influenza en su nueva variedad? ¡Oink, achú! ¡Cerdo con gripe!, no se vaya usted sin responder mi pregunta. ¿Dónde está su cubreboca? No me venga conque no ha podido comprar uno. ¡Oink, achú!... Ah... Puerquito, tan malo yo, pero qué bruto que soy, qué estoy haciendo, si no va a contestar usted porque no quiere, no es usted un funcionario enmudecido, un político de los delirios, los inventos y las galimatías a discreción de sus intereses. No señor, cochinito, marranito rosáceo, usted no va a decir nada, porque no tiene la comunicación humana, mire, y eso que nos parecemos tanto genéticamente, casi iguales... ¡Oink, achú! Venga, que yo no le tengo miedo. ¡Abrázame! No, yo lo abrazo a usted. Venga. He sido tan injusto... ¡Oink, achú!

(El periodista abraza tiernamente al cerdo. Una mosca vuela. El polvo se levanta, el viento lo mece y lleva sus diminutas partículas por aquí y por allá).

Pero faltan más enmascarados en las calles. El gobierno ha reconocido que los cubrebocas están agotados, sobre todo en el DF donde se ha presentado el mayor número de infectados. No han faltado los que lucran con la necesidad, y la venta de este implemento en algunos lugares duplica y hasta triplica su precio.

Se han suspendido las clases a nivel nacional, de primaria a superior, hasta el seis de mayo. ¡Yeeeeh! ¡vacaciones!, gritan los chamacos, los chiquillos, que todo lo ven así, es el mundo de la inocencia. No se dan cuenta de la magnitud, de la gravedad de las cosas, aunque de entre los enmascarados uno de ellos sea El Místico y dé tremendos golpes.

México vive una de sus peores crisis. No es suficiente el terror que causa el narcotráfico y sus miles de muertos -decapitados algunos para encrudecer el mensaje-; no ha sido suficiente la granada del 15 de septiembre -día nacional mexicano- que ha manchado con sangre su bandera y que ha sido llamado, a estas alturas, y con precisión del idioma, narcoterrorismo; no, todavía una crisis económica mundial, que, siendo vecinos de Estados Unidos y una economía dependiente a sus pies, o sea, al sur de ellos, ha golpeado de tal forma que el decrecimiento del PBI mexicano está al borde del -4%, y todo el desempleo... ¿y qué más?, ¿qué nos faltaba, que no es suficiente?: la aparición de un virus nuevo contra el que no existe vacuna alguna.

Es de tarde. Las luces en todo el país se encienden. La televisión habla de la emergencia sanitaria. Las entrevistas a especialistas están en los canales. Los cuidados, las medidas, las previsiones, los consejos. Una y otra vez. Las llamadas telefónicas. Las preguntas, las dudas.

Las portadas de los diarios de hoy: "Cierran los restaurantes, DF pierde al día 777 millones de pesos"; "Riesgo de quiebras y que el 70% de empleados pierda su trabajo"; "Se paralizó el 25% de la actividad económica en la capital"; "Influenza ocasionaría pérdida de hasta US$ 3 billones"... Son las consecuencias. Todo los actos públicos masivos están cancelados, los cines cerrados, en la capital los restaurantes cerrados y preocupados los manteles limpios, los encuentros deportivos se realizan sin público... "¡han silenciado al fútbol, una de nuestra pasiones!, pinche Influenza..."; los antros, lugares de diversión y baile también cerrados, y los fiesteros mexicanos -según un reciente estudio el 14avo país más feliz del mundo- paralizados...

¡Usted es periodista y tiene que informar!, me amenaza una madre de familia que ha llamado a la redacción. Considera que lo publicado sobre Coscomatepec en el diario no es suficiente. Quiere más información sobre el virus y las recomendaciones porque en su municipio la gente no hace caso, no se cuida. "Está llegando gente de México (la capital) y nadie los revisa, ni nada", se queja. La tranquilizo y le aseguro que hablaré con la editora de regional para atender su preocupación.

Estoy preparando un reportaje. Converso con un agotado funcionario, que tiene la voz cansada, me aburre mi máscara, me la quito "un tantito" y luego doy pasos hacia el baño. Me lavo las manos con jabón líquido.

-¿Por qué no habla usted de los enfermos, de la gente que está muriendo?
-Hay suficiente información sobre eso.
-Qué cómoda respuesta.
-¿Usted cree?
-No he visto una entrevista a un enfermo.
-Debe estar en cuarentena, supongo.
-No sea gracioso conmigo.

Nunca confíes en el gobierno. Nunca confíes en la información oficial. Creo que es la sana actitud de un periodista. Si las autoridades dicen que no fue en Veracruz, el epicentro del virus, por qué les voy a creer, hay suficientes indicios que demuestran lo contrario. Hay que investigar.

¿El gobierno ha actuado a tiempo? Es una pregunta que también hay que responder. Anoche una representante del sector salud, molesta, decía que este tipo de preguntas no hacían ningún bien a la población. Pues qué carajo la hace bien a la población: ¿ocultar la información? ¿Decir que son más de 100 los muertos de la influenza porcina y luego que son sólo 20, y que no, que son sólo siete? ¿Qué?

¡Es un psicosocial! ¡Es como el chupacabras!, me dice mi indignada compañera S de los reportajes especiales, que tiene el ímpetu que no se traga su delgado cuello. Apunta ella la siguiente información:
-Se acaba de aprobar la iniciativa de ley que legaliza las drogas en portaciones mínimas, es decir para consumo personal.
-Han suprimido, diluido, las materias filosóficas y humanísticas a nivel preparatoria.
-La ley de la policía federal con la cual se puede utilizar agentes policiales sin uniforme en los casos que amerite alguna investigación, intervención de llamadas telefónicas y correos.

Y claro que hay más. No lo sé, le digo yo. Uno piensa que los muertos están allí, que es una realidad. Sí, pero es el aprovecharse de la situación. Y claro, está como el agua. Tienes razón.

Como mexicano -que no lo soy, pero que uno siente serlo, aveces- me preocupa que hayan más casos de infectados, que siga creciendo el alcance del virus. Mi mente vuela y piensa en "Ensayo sobre la ceguera". Aislamiento. Fronteras cerradas. Pánico. Nivel 5 de 6... ¿qué es el nivel 6?

Vamos a esperar y seguir informando...

3 comentarios:

"Flaco" dijo...

Genial Fredy... No tengo duda, eres un gran periodista!

Ahora, a tratar de poner esto en otros diarios...

Manu dijo...

Muy bueno tu escrito peruano, muy bueno.
Tu compañero 'M'.

h dijo...

Simplemente Genial.
HanzPoCP