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febrero 05, 2008

La importancia del pan


El pan nuestro de cada día. Se sirve en la mesa caliente con mantequilla, queso, jamón o mermelada. No existe condenado a quien se le niegue un trozo de pan y algo de agua. ¿Quién no quiere una buena mordida de pan crocante y blando? Estoy seguro que ése es un gran gancho para Wong. Su pan es buenísimo. No existe otro supermercado con pan tan rico.

Ahora sabemos que Wong fue llevado en carrito por los chilenos de Cencosud. Personal de seguridad comenta en la puerta Wong de Dos de Mayo en San Isidro: "dicen que todo está peor, pero igual vienen". Sí pues, no se puede negar que otros supermercados no han sabido aún aprovechar el momento. No hay ningún cambio. Sólo he visto ese comercial de Plaza Vea con el mapa peruano como amargo en la copa de Pisco Sour y un cartel gigante de San Jorge en la fachada de su tienda con la siguiente frase "100% peruanos". Bueno, eso está bien, pero vamos ¡qué hay del servicio! No se trata sólo de publicidad. Hay que potenciar la marca ofreciendo calidad. Tienes a cientos de clientes esperando una razón valedera para mudarse a tu tienda.


Recomendaciones a Vivanda para quitar clientes a Wong
Voy a hablar de Vivanda para comparar supermercados similares. Y estas son mis recomendaciones para aprovechar la oportunidad:

1. El Pan. El pan es mucho importante, queridos chicos. ¿Qué producto necesitas todos los días infaliblemente en la mesa del hogar y ante el cual se reúne la familia? La gente se pregunta dónde está el mejor pan y ahí va y, claro, aprovecha y compra otras cosas; que ya le falta su aceite, que ya la última edición de una revista, que ya lo otro.

2. Amabilidad en el trato. "Buenos días, señor, en qué le puedo ayudar". La gente instala en su memoria momentos en los que se hayan sentido bien y ahí regresan. Una sonrisa nunca falla. Sin embargo en Vivanda (no todos) te atienden con indiferencia y sobriedad. ¿No dicen que el "buen trato" es el fuerte de Wong? Pues copien eso, qué esperan, ¿quién les ha dicho que la amabilidad es prerrogativa de una sola tienda?

3. Calidad. La comida en Vivanda es cara y mala. No pues. A ver, yo les voy a dar un dato muy bueno: los tamales en Wong son pésimos (como en todos los supermercados). Ahí pueden atacar. Consigan unos tamales que sean muy buenos, no importa si son muy caros: un buen tamal lo vale. El costo promedio es de tres soles y la verdad es que los tamales de barrio son mucho mejores. Otro ejemplo, ya que estoy dadivoso ¿Se acuerdan del choripán de Santa Isabel? ¡Ya pues!, ¿por qué lo abandonaron? Recuerdo colas por ese calientito y amostazado choripán.

4. Más vida. La verdad que Vivanda es muerto, quiero decir aburrido. Entiendo que su idea es un ambiente cálido, sus colores amarillos, verdes y sus luces enfocadas y tenues, ok. Pero no invitan bocaditos, no hay degustaciones, no hay música en vivo. Un pianista, por ejemplo -bueno, un órgano no está mal.

5. Variedad. Muchas veces he tenido que abandonar la tienda porque no encuentro lo que busco. ¿No han pensado en ampliar?

6. Libros y revistas. Pero cómo es posible que no vendan libros y revistas. ¿Han visto a esos niños en los pisos de Wong tirados en el suelo ojeando un libro? ¿Ah? ¿Quién está al lado?, la mamá, la mami, la que hace las compras de la casa pues. ¿Han visto esas mujeres leyendo ávidas las revistas de modas, salud y sociedad? ¿Han visto esos hombres leyendo revistas de surf, juegos, autos, etc? Ellos compran, ¡compran!
7. Sinceridad. La chica de la caja me dice: "¿desea donar sus centimos?"
¿Para quién?, le pregunto yo.
"Para los niños con VIH", responde ella.
Está bien, le confirmo tranquilo.
Salgo de la tienda, veo el ticket y no aparece nada de mi donación. ¿Qué ocurrió ahí?

Se les pasa la combi chicos de Vivanda y otros. Les queda esperar que los chilenos malogren Wong y entonces quizás alguien piense en ir a sus tiendas. Y luego piensen en regresar a los mercados y a las bodeguitas de la esquina, que están mejorando. ¿Han visto eso? Ahora hacen recargas para celulares y están por todas partes, muy a la mano con su teléfono en la puerta que con 20 céntimos llamas: "Ya llego, no se acaben todo".



diciembre 18, 2007

La traición de Wong


Estoy por depositar la carta a Papa Noel que ha escrito mi hermana pequeña para el sorteo por Navidad de Wong. Una niña se acerca y le explico que tiene que depositar el original en la boca del muñeco y quedarse con la copia. Lo sé porque he leído atentamente las instrucciones. Lo sé porque soy cliente de Wong por algunos años. Lo sé porque prefiero ir a comprar a Wong que queda a siete cuadras de mi casa que a Vivanda que está a cuatro. Lo sé porque como su pan integral, que considero el más rico del Perú. Lo sé porque ya tengo en la puerta de mi cocina el calendario Wong 2008. Lo sé porque acumulo puntos bonus. Lo sé porque fue allí donde batí mi record de estar parado leyendo un libro, con el curioso agregado de ser uno que nunca hubiera leído: El Presente de Spencer Johnson. Lo sé porque ya me comí un panetón Wong en lata con mi familia y uno en bolsa yo solito. "Pero ésta es la copia" y me enseña una hoja con la fotocopia de la carta. Le leo las instrucciones con cuidado hasta que ella entienda. El muñeco se traga el papel que debe.

Wong se vendió al holding chileno Centros Comerciales Sudamericanos (Cencosud) por US$ 500 millones. Lo cual incluye todas sus tiendas Wong, Metro, Eco, American Outlet, Teleticket y otros terrenos para abrir más locales. Eso es bien sabido ya. También que Wong compra 49.75 millones de acciones de Cencosud y se convierte en su socio por US$ 200 millones. Lo cual representa sólo el 2.5% del total de acciones, algo ínfimo. Es por ello que se ha tenido que recalcar que Erasmo Wong tendrá su asiento en el directorio de la empresa chilena, como parte de este acuerdo. También que él seguirá siendo el presidente del directorio de Wong. Es decir un gran negocio para los Wong, tienen 300 millones en el bolsillo, una derrota para los peruanos. ¿Por qué? vamos por algunos puntos:

1. Wong podría haber crecido mucho más. Tiene ventajas diferenciadoras. Sus ventas habían sido este año por casi mil millones de dólares. Seguía creciendo y podría haber entrado a otros países con su propio estilo que le ha valido el reconocimiento internacional por su calidad de servicio y atención.

2. Ya nos han despojado de varias empresas de bandera peruana. ¿Acaso el Sublime es lo mismo después de que Donofrio fue comprada por Nestle? Inkacola tampoco es peruana.

3. Chile nos ha invadido comercialmente. Casi todos viajan en Lan y quién puede gloriarse de nunca haber comprado en Ripley y Saga. Farmacias también. ¡Y hasta tu cama! que compraste a remate en Sodimac. ¿No nos conviene parar la mano un poco?, y dar alguna preferencia (si de mercados libres se trata) a un francés que está bien lejos. ¿Seremos acaso la sucursal de Chile?

4. Los empleados de Wong tendrán que ajustarse a las reglas del nuevo dueño. Cencosud tiene denuncias por mal trato a sus empleados. ¿Recuerdan la casi graciosa noticia de cajeras que tienen que usar pañales para vender más y no abandonar su trabajo por dos minutos? Pues ellos son.

5. Estas empresas grandes privilegian el ingreso financiero y el copamiento de mercados lo cual seguramente afectará la calidad del producto (incluido servicio). Ya lo dijo nuestro gran Marco Aurelio Denegri: "a mayor público, menos calidad. Ni hablar: eso es así".

6. Wong realizaba el tradicional corso peruano por fiestas patrias. ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Bailaremos para los chilenos? ¿Nos disfrazaremos para ellos, y pondremos a nuestras bellas mujeres en carros gigantes para celebrarlos? Espero que tengan la suficiente delicadeza de olvidar ese corso.

7. Wong se burla de los peruanos. Nos mintieron. Dijeron que no venderían a los chilenos. Lo negaron más de una vez. Y nosotros hicimos tres hurras por ellos. Los Wong se llenan de algo de plata los bolsillos y al diablo lo demás.

8. Algunos dicen que esto debe verse como un éxito para el Perú. Pues Wong ahora podría internacionalizarse. Wong quizás, pero ¡ya no será peruano!, será chileno. ¿Por qué alegrarse? Nos compraron la marca, ahora es suya y harán lo quieran: exportarla o desaparecerla. Da igual.

Ahora, seamos lo más objetivos: Wong no era un buen negocio si de utilidades se trata, dicen algunos especialistas. Quería crecer más pero ante el poder de otras firmas, no lo habría podido lograr, dicen. Así que decidió vender. Una decisión de empresarios. Ahora, existen dos tipos de decisiones: las correctas y las incorrectas. ¿Realmente cree el señor Erasmo Wong y hermanos que esta fue la decisión correcta? Vamos, y no estamos hablando del Perú, que tampoco parece inquietarlo mucho. Me refiero a si esto es realmente un buen negocio. Ahora es un diminuto accionista con cierto poder mediático devenido del prestigio de su marca. Está en el estómago de la ballena y no hay cómo crecer, porque usted se ha convertido en un montón de células que le hacen un lunar simpático al gigantesco cetáceo. Si quiero verlo así, usted como lunar de la ballena es la ballena también. Bien por usted. Habríamos querido los peruanos tener nuestra propia ballena, y con inteligencia y creatividad todos habríamos ayudado.

Don Erasmo Wong, padre, abrió su pequeña tienda en Dos de Mayo. Dicen que era amable y que le inculcó a sus hijos que lo más importante era atender bien al cliente. Así fue creciendo desde una pequeña tienda hasta lo que es, lo que fue.

Hoy Wong de Dos de Mayo en San Isidro luce apagado a pesar de las cientos de bombillas. No hay música. Se siente el tufo fino de la traición. No he comprado pan integral. Fui a depositar esa carta, y quizás vuelva algunas veces más, pero no será lo mismo. La verdad ya no compraré en Wong.