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junio 02, 2011

El arte rescatado



Eras antes de que te encontrara pero nunca fuiste antes de que te viera

Así inicia: Fui a tirar un papel al tacho de basura y recogí otro papel de él. El primero ya lo había estrujado en mi mano derecha al punto de dejarlo como una pelota deforme; el segundo estaba doblado en su A4 de tamaño. Me di cuenta de éste porque tenía muchos colores: estaba signado bajo el título "Cómo es un día en mi familia", con árboles, un río y una persona balanceándose gracias a una cuerda atada de un tronco. Lo había dibujado Beatriz Andrea G. D., una niña de una edad que desconozco. Lo sé porque al reverso de la hoja viene su nombre. Sacudí el papel por si algún otro elemento del bote le hubiera rozado. Lo estiré. Lo pegué de fondo de mi escritorio, al costado del ordenador. Le tomé una foto y le puse también de fondo de pantalla en mi celular.
Un acto inaugural de lo que acabo de dominar: arte rescatado. Y funciona bajo los siguientes términos:
-El arte rescatado inicia en el mes de junio del año 2011 en México.
-El arte rescatado se basa en dos principios fundamentales: la obra en sí existirá con independencia del artista y será éste quien le dé la calidad de obra de arte al plasmarla bajo un concepto de recuperación, pues se entiende que sin la participación de él la obra no existiría.
-El potencial del arte rescatado radica en el efecto de producir un sentimiento placentero en el creador (el descubridor y rescatista) por lo tanto se le considerará de un goce exclusivo, sin embargo éste podrá compartirlo, y para ello tendrá que hacer una presentación de lo que originó su obra.

Comentario: No hubiera podido darme cuenta de la existencia de este acto si un par de horas antes no hubiera existido la conversación con el artista conceptual Ryuichi Yahagi, quien me dijo algo que cautivó mi atención: todos somos artistas. ¿Por qué?, le pregunté. ¿Por qué dice usted eso? Él me hizo dar cuenta de que todos de niños dibujamos y pintamos. Casi no hay niño que no le guste pintar. Con el paso de los años vamos perdiendo el gusto a ese acto que nos atraía tanto. Luego me encontré el dibujo en el tacho de basura y se dispararon una serie de reacciones que terminaron en la teoría del arte rescatado que acabo de esbozar.

Un ejercicio básico de arte rescatado es mirar nubes y encontrar en ellas una representación única. Sin nuestra observación esa figura no existiera en su calidad de obra.

mayo 19, 2009

Estética de cementerio




Las flores muertas empezaron a subir tratando de alcanzar los árboles. Acto puro de pertenencia.





A ellos no les importa que diga "cementeri " en lugar de "cementerio". Quizás y les molesta -a su memoria, y a los que vienen a visitarla cada vez que el recuerdo y la nostalgia de quien se fue atraganta su vitalidad- que haya maleza rebosando sus tumbas. ¿Pero y quién se acuerda de estos ellos? Una pelota reventada y abandonada ya no juega más, la virgen tiene un agujero feo al costado y el niño que carga en sus brazos se asolea decapitado en las tardes. Parece que nadie. Tierra. Arañas. Plantas. Polvo.

El cementerio antiguo xalapeño, declarado monumento histórico por decreto presidencial del licenciado Miguel de la Madrid Hurtado, guarda lo que se dice mortandad de voluntad humana. Es asintomático que una placa en la puerta diga "restaurado por el Patronato Pro-conservación y el H. Ayuntamiento de Xalapa".

No tiene este campo santo las condiciones de un cementerio-museo. ¿O quizás las tuvo? No posee variedad de mausoleos, las pocas esculturas lucen acabadas y a poco destruidas.

Y, sin embargo, guarda cierto atractivo, quizás proveniente de ese abandono en el que se encuentra: allá donde ya no se acercan las manos de los hombres la naturaleza dura ha hecho curiosas figuras. Una flor, dejada cuánto tiempo, se ha secado en una tonalidad opaca de los colores que antes tenía encendidos. Está intacta, asiéndose a la piedra, casi como su broche celoso o la cerradura fiel, a la sombra que proyecta. Las cruces se van para los lados, se retuercen, se caen a pedazos y hay en ello también un espectáculo, sólo imaginable comprimiendo la velocidad del tiempo y acelerándolo en el ritmo de marcha armoniosa que deben disfrutar los dioses. Nada humano aquí. La naturaleza con los muertos. Nada que se pueda extrañar desde un mezquino punto de vista.

Llego. Y me agrada. No es el museo de la arquitectura y la escultura. Nada relacionado a la estética del arte que se promociona. Es el recinto del olvido. Y así se ve bien, y no creo que de otra manera vaya a lucir mejor.














julio 21, 2007

Jorge Montoro: murió una gloria de la TV

Me atrevo a buscar la dirección de Jorge Montoro en la guía telefónica para recordar dónde fui. Este jueves acaba de morir y yo recuerdo lo enfermo que estaba. Lo visité hace poco más de un mes, porque quería entrevistar a su hermano, el periodista Isaac felipe Montoro (esa es otra historia), y, en esa búsqueda me topé con él, "el poeta hippie". En realidad no sé porqué lo llaman así, ni me interesa, sólo hay un par de cosas que sí quiero contar.

Vivía en la calle San Ambrosio 238 en Barranco. Era una casa untada con una manta de polvo. La puerta de madera de la cochera tenía ingentes telarañas, arriba se veían unas cuantas plantas que urgan en lo viejo y que seguro gustan de convivir cuando ya no deben alimentadas por algo de agua. Toqué el timbre varias veces, pero nadie abría. Un candado resguardaba la puerta. Pensé que nadie vivía ahí. Sin embargo, una señora de enfrente de la casa, amable ella, me dijo que quizás él no estaba, que podía encontrarlo en el parque. Allí fui y no lo encontré.

Regresé. Toqué tres veces más y fuerte como me recomendó la amable señora. Cuando estaba a punto de irme lo vi venir. Lo reconocí con su cara algo aplastada. Era el artista. Había salido a comprar medicinas. Le grité muy fuerte mi nombre y mis pretensiones. ¡Periodista, ah!, me dijo. Me hizo entrar a su casa. Fotos viejas en las paredes. Vivía solo. No quería entrevistas. ¿Puedo volver a visitarlo para ver si está mejor? Bueno, puede ser, pero casi no le abro a nadie, ni a mis familiares, la gente se molesta conmigo, me tocan, pero no quiero ver a nadie.

Me regaló un libro. Un libro que había escrito su hermano (¿el peruano más prolífico?). Me dijo que tenía más, que muchos ya los había vendido o regalado. Ahora pienso, de manera malvada e interesada, que pude seguir visitándolo y obtener algunos libros más. ¿Qué harán con ellos? ¿Qué hacen con las cosas de un muerto? Sigo fetichista. Y se me ocurre hacer timbrar su número telefónico. ¿Alguien responderá?

Imagino a Jorge Montoro viejo y solo en Ambrosio de Barranco. En esa casa de arañas plomas y olor a polilla veterana. Lo imagino llorando y rascándose una oreja. Lo imagino soñando aplausos. El primer actor peruano. Hollywood. Todos nos hacemos viejos muchachos, y algunos se van muriendo. SE nos fue una gloria de la TV peruana. ¿Qué diablos estamos viendo en la TV ahora?