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junio 18, 2015

Colombia, 60 años de complejidad del conflicto interno


Nos habíamos refugiado en la casa de Dios, me dijo. Temiendo por nuestra vida, buscamos seguridad bajo el techo sagrado de la iglesia de Bojayá, departamento de Choco (2002). Ya no cabía nadie más ahí, así decía. Estábamos todos juntos, pegados, cuerpo a cuerpo, oyendo nuestras respiraciones. Podíamos ver a los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia por la ventana, querían entrar, pero bien claro les dijimos que allí sólo estábamos civiles. Ellos se paseaban como lobos observando, haciendo burlas de vez en cuando, tal vez también por miedo.

Cuando súbitamente oímos como una detonación y los vimos a ellos correr, a los paramilitares, a nosotros no nos dio tiempo de nada, no podíamos, fue como un sacudón, sentimos como una corriente honda de terror. De pronto del cielo se abrió el infierno.

Luego supe que no se levantaron oficialmente los muertos debido a la ausencia de autoridades. No velorios, algunos no les alcanzaba ni para eso, no quedó nada más que pegotes llenos de sangre en trozos deformes de cemento, carne destrozada, murieron unas 100 personas ese día, en el templo, niños incluidos, otros 80 fueron heridos por el cilindro-bomba que habían lanzado los de la guerrilla a los paramilitares, pero nos dieron a nosotros.

¿En qué momento tu vecino, tu compatriota, decide tirar una bomba a una iglesia repleta de personas? ¿Qué le pasó a Colombia? ¿Cuándo empezó todo esto? El 9 de abril de 1948 fue asesinado en Bogotá el jefe liberal Jorge Eliécer Gaitán, político y jurista colombiano, alcalde en 1936, ministro (Educación en 1940 y Trabajo en 1944), congresista y candidato presidente del Partido Liberal a la Presidencia de la República para el período 1946-1950. Su asesinato en Bogotá produjo enormes protestas populares. Era conocido como La esperanza del pueblo. Es el contexto de la Guerra Fría, de la imposición de un modelo por el otro.

Sus ideas: ir contra un Gobierno opresor y corrupto, acusado de masacres en la zona bananera y que él como diputado denunció. El Ejército mató sindicalistas. Los conservadores, partido en el poder, veían en Eliécer Gaitán un peligro para sus intereses. Su posición política en favor de los más pobres, los que tenían hambre. Su muerte provocó una insurrección popular en todo el país. Este hecho dividió en dos la historia de Colombia, y también representa uno de los ejes para entender el conflicto armado: el no ejercicio libre de la participación política. La vulneración histórica del derecho fundamental a la participación política: que pervierte el desarrollo de la democracia.

Un Estado ausente en el interior del país, tierras en disputa, intereses, capitales que ingresan y conflicto agrario. Campesinos desposeídos. La violencia de este suceso traumático de una Colombia que no podía expresarse políticamente sino a través de la fuerza, y luego la consolidación de grupos armados, de las guerrillas, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

Enfrentamientos y luego el narcotráfico que inyectó de dinero y codicia la guerra. La violencia se alimentó. Es por este dinero ilegal que nacen los grupos paramilitares, ejércitos privados a sueldo para matar y generar terror. Y aquí se evidencia uno de los problemas que vive Colombia y los países de América Latina, en general: la corrupción. Y también tuvo un efecto cultural, moralmente el país decayó, una ruta fácil de ganar dinero, la violencia se volvió la moneda. La guerra se queda.

Otros que ni siquiera querían entrarle pero son obligados. Reclutados. Y si a uno le matan a un hermano, quiere vengarse y la opción es también morir para tener un futuro. ¡Aquí no hay inocentes!, diría Fernando Vallejo, el escritor que ha convertido el dolor en rabia, pero sí hay grandes culpables. Negocios rentables. Militares, empresarios, políticos reunidos en la Finca 21 en la cumbre de las Autodefensas. Alianzas y acuerdos para arreglar a los candidatos. En abril de 2008 unos 40 parlamentarios fueron detenidos. Mario Uribe, familiar, de sangre, más cercano al Presidente también es señalado.

¿Cómo se mata, cómo se desaparece a las personas? Cada crimen, cada masacre, cada uno. Violaciones. Decapitaciones. ¡Muertos a machete, a garrote, para matizar el olor a pólvora! Sangre, mucha sangre. Es el terrorismo de los paramilitares. El terrorismo de las FARC, del Estado a través de sus Fuerzas Armadas a la orden, otra vez. Otra vez.

Negación. Cada vez más un país fragmentado. Lugares donde el Estado es fallido, territorios liberados… ¿liberados de qué? De la autoridad, donde gobierna el que trae el arma y la amenaza de muerte en la boca. Comunidades nativas, campesinas, desplazadas, aniquiladas, la ciudad vive su propia barbarie, el narco se envilece, se hace espectacular, generoso también con los pobres y se financia más muerte en el campo. 

Los intentos de solución llegan hasta el llamado proceso de Justicia y Paz. Se registran cada uno de los muertos, las masacres… ¿Cuántos son los muertos? ¿Cuántos los desaparecidos? ¿En dónde están? ¿En los hornos? A otros los rodaban al río, al vacío. ¿Por qué a algunos los desaparecen? Que si se les das muerte, y los muestras, es para que los vean. Si no se quiere que el muertito se conozca, se le desaparece. Eso dijo un versionado.

A cada nombre la presión aumenta. Matan a las víctimas, a los que vinieron a hablar por los suyos, a los que se alzan con el grito de Justicia, Yolanda Izquierdo, pum, como antes. ¡Eso no es justo! Basta, ya. Los desmovilizados y luego liberados vuelven a matar. Más de 20 grupos paramilitares. ¡Mataron a los que hacían paros! ¡A los sindicalistas bananeros! Es un serpentario de muertos. Y los que tienen que dar explicaciones, los jefes paramilitares son extraditados a Estados Unidos, por narcotráfico, se prefiere eso: llevárselos por esos delitos y no en Colombia a responder por los muertos del pueblo.


La acumulación continúa, las presiones, más muertos, las amenazas, las ejecuciones. Contra los familiares de los paramilitares extraditados, los magistrados, las organizaciones de víctimas, los funcionarios por la paz, los defensores de derechos humanos, los periodistas independientes. No, la violencia no se detiene. ¿Hasta cuándo?

diciembre 07, 2008

Influencia y prejuicio




Me estaban cayendo unas gotas por la ventana abierta del asiento delantero del auto. Estaba pensando en si me molestaban lo suficiente o no. Quizás trataba de recordar esa palabra que no debía utilizar nunca al escribir porque muchos lo hacen, y cuando así sucede lo mejor es evitarlas y buscarse otras nuevas. Estaba cantando "Avísame" de Alejandro Fernández que también le gusta al colombiano que nos acompaña. El auto avanza rasgando el viento y estrellando los diminutos globos desnudos del agua que se precipita.

Es la segunda vez que me encuentro con el colombiano que me ha caído tan bien. Su manera de hablar se me ha pegado. Sobre todo cuando tengo que alzar la voz, las palabras tienen ese acento "que ni la hijoeputa" y parece que así suenan mejor. Analizo: cómo es que mi ritmo al hablar no se ha visto mellado por el acento mexicano en meses, y en tan sólo una par de horas siento mi entonación trastabillar porque, está dicho, uno se esfuerza por contagiar y no ser contagiado. Parir y no ser parido. Por cierto, esto último es una razonamiento altamente mexicano. ¿Qué ocurrió? Razón posible: leo a Fernando Vallejo. Fui a la Feria del Libro de Lima para verlo. Él no se apareció. Trauma. Mismo hilo: veo "La virgen de los sicarios" de Barbet Schroeder, la escena en la cantina, con dos waros, "Senderito de amor" de Pedro Infante en la máquina de música por mil pesos colombianos -"qué devaluación hijoeputa"- y una de las frases más poéticas que haya oído en el cine y que no pienso comentar ahora, miro la escena varias veces, la película también, pero distingo detalles distintos en cada rew/pause, como las personas que beben fuera de la cantina, la cámara y el barrido que abraza a Fernando desde atrás... me prometo algún día estar en Medallo y pedir dos waros, mientras Senderito de amor, senderito del alma... Anhelo. Hilo primo: el colombiano es gracioso, simpático, le gusta bailar, cantar, cuenta chistes, y, oh gloria, es de esos de beber mucho, hasta al amanecer dice, y este día, que fue el que estuvimos platicando por primera vez, se sentó debajo de un cuadro que tiene sólo unos pies en un aparente abismo remolino, todo manchado. "¿Ya viste lo que tienes detrás tuyo?", le digo, él y todos los demás en la mesa voltean y se echan a reír porque el comentario estaba en contexto oportuno, aunque a mí no me pareció tan gracioso.

"¿Ya llegamos?", pregunta el colombiano y ella le dice una vez más que no. A mí también, que voy detrás, se me hace lejos todo el camino recorrido. Seguimos cantando. Le pido a ella que cierre la ventana, que me cae la lluvia.

¿Llegamos?, pregunta una vez más. Le cuento al colombiano que he revisado un reporte de la Universidad de Michigan publicado este año sobre los países más felices del mundo. Él me habla sobre el IDH y Ginebra. Ajá, le apunto, ¿sabes cuáles son los países más felices del planeta? Primer lugar, Dinamarca, segundo lugar ¡Puerto Rico!, y ¿quién crees que está en el tercer lugar?... ¿Ah? El colombiano sonríe y dice "Colombia". Jajaja ¡Sí! Luego comentamos las razones, bla, bla, bla... ¿Llegamos? Ahora sí.

Una virgen se nos viene encima. El pueblo está de fiesta. El tráfico detenido. Le digo a él que se imagine que todos vienen a recibirlo. Afuera es cierto. La procesión está justo en frente del auto donde viajamos. La virgen con los brazos abiertos se balancea, elevada por los hombros de todos estos señores que no logro distinguir por la oscuridad de la noche; la virgen se nos viene, da justo la vuelta a la esquina, para no echársenos a besos. El colombiano disfruta el espectáculo, detenido en la imagen que le he planteado. No lo imaginé así en ese momento. Pero ahora tiene mucho sentido. No entiendo cómo es que él llega a un lugar tan rústico. Si su carácter fuera el de un flemático devoto o al menos el de un carismático cristiano, no lo sé, pero él me parece tan alejado de este mundo de calles angostas y empedradas. Será que lo conozco tan poco. Oh, prejuicio maldito que llenas mis ojos de abundantes espejismos. Viene a realizar un trabajo de ayuda social; y la virgen, a quien tanto yo quiero, la virgen, lo recibe con petardos en el cielo y ese gesto cariñoso.

Pienso. Pienso mucho. Ya me he terminado el pan.

mayo 24, 2008

¿Tirofijo está muerto?


La revista colombiana Semana informa que Manuel Marulamda Vélez murió. La noticia está dando la vuelta al mundo. Y hasta en la enciclopedia Wikipedia ya le pusieron la fecha de muerte: 22 de marzo del 2008. Con un mínimo análisis, ¿por dónde va la verdad en esta "noticia"? Teniendo en cuenta que esta información la dio el Ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, a una publicación y no a través de un medio oficial, la solución parece ser sencilla.

No es la primera vez que se especula sobre la muerte del líder de las FARC. Ya en 1972 el escritor colombiano Arturo Alape escribió un libro titulado "Las muertes de Tirofijo" y hasta el mismo Manuel Marulanda dijo alguna vez "yo oí, más o menos, unas 10 veces que me habían matado, pero lo que dicen los comentarios y mucha gente es que a mí me han matado unas mil 200 veces". Se le ha visto en público por última vez en el 2002. Dicen que sufre de cáncer. Y si nació en 1930 entonces debería tener 78 años. No faltan pues indicios para que ahora alguien hable una vez más de su muerte, pero si lo hace el gobierno colombiano, ¿qué quiere decir?

Esto parece ser un mensaje. ¿Y de quién se espera una respuesta? De las FARC, naturalmente. Cuando se hablaba sobre la supuesta muerte de Fidel Castro, él salió en televisión echando para atrás esa historia. Así que la noticia no radica tanto en lo que diga hoy Semana -muy afín al gobierno colombiano, por cierto- sino en la respuesta que pueda dar las FARC. Si es que Tirofijo está vivo y ésta es una patraña como las otras, debería salir algún indicio público de esa realidad y así, además, fortalecer la imagen muy venida a menos del grupo que lidera. Lo contrario sería casi confirmar la información y dar más señales sobre su derrota. Con la captura de 'Karina', con 24 años de guerrillera, la muerte del número 2, Raúl Reyes, y otras bajas, la mayor guerrilla colombiana estaría siendo finalmente abatida.

Muchos colombianos son cautos con la información, pero desean que sea cierta. Vamos a esperar una confirmación del gobierno, dicen. Si el Ministro de Defensa no es una fuente confiable, quién lo es. ¿Uribe?

Por lo pronto Juan Manuel Santos ya nos ha dado un dato más preciso al respecto: Tirofijo estaría "en el infierno". Lo cual es más provocador y llama a una reacción de la otra parte. Si todo esto ha sido de alguna manera planeado y corresponde a una estrategia, pues veremos en los próximos días cuáles son las consecuencias. El infierno para algunos, después de todo, no está en un lugar muy lejano que digamos.